El vino es sueño

Antonio Piera

Antonio Piera

Tal y como os he contado en anteriores post, mi contacto con el vino viene de pequeño. Pero en esta vida, siempre existe un personaje de referencia que te ayuda a confirmar y a reafirmar aquel camino que has iniciado. Y en mi caso existen dos personajes (del segundo ya os hablaré más adelante) que para mí fue una puerta abierta al maravilloso mundo del buen gusto y de saber disfrutar, en este caso, de una copa de vino. Se trata de Antonio Piera, padre de mi fallecida esposa Mamen.

El me enseñó a que en todas las comidas debía existir un espacio para el vino. También que el vino, se bebe en copa. Y que no es igual cualquier tipo de vino, sino que los vinos son diferentes y se deben apreciar sus diferencias. En la época que le conocí era un fan devoto del Crianza CVNE. Y yo me entusiasmé tanto como él con este vino. Tenía una reducida pero cualificada bodega, que me dejaba opinar y de vez en cuando abrir alguna botella. Aun recuerdo un Marqués de Riscal de 1963 que abrimos en Semana Santa (a mi suegra no le parecía bien) pero que supo a Gloria, y eso que aun estábamos en Viernes Santo. Para arrodillarse delante del vino.

Nuestro nexo de unión fue avanzando y haciéndose fuerte a medida de que nuestro amor al vino fue cada vez más grande. El me llamaba para decirme que había comprado tal o cual vino, y me esperaba para catarlo juntos. Yo creo, sinceramente, que en aquel momento solamente él y yo, podíamos compartir, y sobre todo entender tan entrañables momentos.

Cuando falleció (siempre es demasiado pronto para fallecer), y estando con mi mujer y mis hijos en su casa de la Costa Brava, cada vez que abría una botella alzaba la copa hacia el cielo para brindar con él. De buen seguro que el todavía lo hace. Un personaje singular en mi vida, sin duda.



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