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Hoy estrenamos video

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Hoy jueves 3 de diciembre , estrenamos video diario presente en nuestras redes sociales. Aquí podéis ver una muestra

Dimensión económica y social del sector vitivinícola en España

Dimensión económica y social del sector vitivinícola en España

Como una imagen vale más que mil palabras, ahí va una infografía que realmente es muy esclarecedora sobre la situación del sector vitivinícola de España (fuente web)

Importancia económica y social del sector vitivinícola en España

Importancia económica y social del sector vitivinícola en España

España es líder mundial en superficie de viñedo, con más de 950.000 hectáreas dedicadas
al cultivo de la vid (en media del último lustro). Una superficie en la que el viñedo ecológico
también respalda el liderazgo español, gozando además de un peso creciente: superó el
13% de la superficie total de viñedo para vinificación en 2019. A su vez, nuestro país se
erige como tercer mayor productor de vino, contando con una producción que ronda los 38
millones de hectolitros anuales y existen cerca de un centenar de denominaciones de origen
protegidas.

La cadena de valor del sector vitivinícola involucra a una numerosa y diversa red de agentes,
que se encargan de la viticultura, la elaboración de vino, así como de su distribución y
comercialización. Pero además, existe otra serie de actividades, tanto suministradoras de
las anteriores como conexas, que amplifican el alcance y capilaridad del sector. En este
sentido, la vitivinicultura contabiliza más de 4.000 empresas productoras y elaboradoras de
vino, así como una inmensa red de establecimientos de distribución y venta de productos
vitivinícolas. A su vez, genera un efecto tractor sobre otras muchas actividades
suministradoras clave, como la industria de la madera, del vidrio, del corcho, o la fabricación
de maquinaria y equipos industriales, entre otras. A las anteriores, se unen el turismo y otras
actividades conexas al sector vitivinícola que, en el caso del sector turístico, bajo la fórmula
del enoturismo, aporta un complemento de valor a la oferta turística nacional, con una
treintena de Rutas del Vino de España, distribuidas por la geografía española.

Las empresas y organizaciones del sector vitivinícola español también son promotoras y
partícipes de iniciativas de investigación e innovación, para hacer frente a los distintos retos
que, en materia medioambiental, de procesos y productos, comercial y otras, ha de abordar
este sector. Un esfuerzo que se traduce en la modernización y ampliación de las
instalaciones, a lo que se dedican más de 570 millones de euros anuales, así como en
actividades de I+D+i.

En España, la actividad vitivinícola (incluyendo la viticultura, la elaboración del vino y su
comercialización), genera un VAB total superior a los 23.700 millones de euros anuales
(incluyendo los efectos indirecto e inducido), equivalentes al 2,2% del VAB nacional. En
particular, la contribución directa del sector se sitúa por encima de los 11.600 millones. Por
cada euro de demanda final en el sector vitivinícola, la economía genera 1,75 euros de valor
añadido directo e indirecto

Desde una perspectiva regional, cabe destacar que en torno al 48,1% del VAB directo
nacional de la viticultura se genera en Castilla – La Mancha, siendo la región con mayor
superficie de viñedo y la que lidera la producción de uva en España. En esta Comunidad
Autónoma la viticultura supone alrededor del 1,4% de su VAB regional. Le sigue La Rioja,
donde el cultivo de la vid cuenta con un peso en el VAB en torno al 0,7%. En el caso riojano,
la actividad de elaboración de vino contribuye con otro 3,9% al VAB regional, a la vez que
responde por el 15,5% del VAB directo nacional de dicha actividad de elaboración de vino

El sector se estima que contribuye, asimismo, a la generación y mantenimiento de más de
427.700 empleos (puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo), que dependen de
manera directa, indirecta e inducida de la actividad vitivinícola. Ello supone un 2,4% del
empleo en España.

En términos de aportación a las arcas públicas españolas, la contribución directa del sector
vitivinícola supera los 3.800 millones de euros anuales, incluyendo las cotizaciones sociales
(sin computar la actividad vinculada a los efectos indirecto e inducido).

El sector vitivinícola, sobre todo en lo relativo a la elaboración del vino, presenta fuertes
eslabonamientos hacia delante y hacia atrás. Además, los sectores suministradores del
vitivinícola, sobre los que este ejerce un efecto tractor, abarcan desde actividades
íntimamente relacionadas con la producción y venta de vino, hasta diversos servicios de
apoyo a la gestión, promoción e innovación.

Además de la actividad desarrollada a escala nacional, el vitivinícola es un importante
exponente del sector exterior español. No en vano, España es el principal exportador
mundial de vino, en términos de volumen, y el tercero, en valor. Los productos vitivinícolas
españoles están presentes en 189 países, de los cuales 86 realizaron compras superiores
al millón de euros en 2019.

Las exportaciones españolas de productos vitivinícolas superaron los 3.000 millones de
euros el año pasado, situándose el vino en el top-5 de los principales productos exportados
por la industria agroalimentaria española. Además, la balanza comercial vitivinícola ha
mostrado tradicionalmente un amplio superávit para España.

Más de la mitad de las empresas españolas que venden al exterior productos vitivinícolas
han consolidado sus ventas internacionales, habiendo exportado de forma consecutiva en
el último cuatrienio.

La internacionalización de las empresas del sector vitivinícola también se ha plasmado en
proyectos de inversión directa en países como Italia y Chile. Y, a la inversa, la importancia
de España en el mundo del vino ha atraído unos flujos de inversión extranjera que superan
los 800 millones de euros en el acumulado de la última década.

El vino mantiene un importante arraigo territorial, muy visible en las denominaciones de
origen, siendo el entorno de procedencia del vino un apreciado atributo del mismo. Además,
su relación con la cultura y la sociedad españolas es ineludible. Una muestra de ello
descansa en su presencia como acompañante gastronómico y su vínculo con los hábitos
culinarios españoles y las relaciones sociales.

La vinculación del vino con el territorio también tiene una base de dinamización económica
y de desarrollo territorial sostenible. La actividad vitivinícola es fuente de recursos para un
amplio colectivo de viticultores, que superaba los 561.000 a mediados de 2019. En dicho
colectivo se incluyen jóvenes que desarrollan esta actividad y que el año pasado
respondieron por el 27% del total de superficie solicitada para nuevas plantaciones de
viñedo.

La propia naturaleza de la viticultura la convierte en una actividad que favorece la fijación de
población en el medio rural y contribuye a hacer frente al reto demográfico. Cabe señalar
que entre las provincias cuya presencia de viñedo (en porcentaje sobre el total de superficie)
se sitúa por encima de la media nacional, solamente una, Cuenca, muestra un patrón de
despoblación en los últimos cuarenta años.

La elaboración de vino mantiene, igualmente, una fuerte vinculación al territorio, ya que las
bodegas se localizan en zonas próximas a los viñedos. Y el modelo cooperativo, tan
presente en la estructura productiva vitivinícola española, junto con otras iniciativas de
asociacionismo de los viticultores, pueden ser concebidos como instrumento de cohesión
social y fortalecimiento del vínculo entre las sociedades locales y la vitivinicultura.

Otro fenómeno vertebrador del territorio viene de la mano del enoturismo, que ofrece una
experiencia diferente en la comercialización y consumo del vino, incorporando distintos
intangibles y atributos diferenciales. En 2019 generó un volumen de negocio superior a los
256 millones de euros, según ACEVIN.

La propia naturaleza y características de la actividad vitivinícola la hacen especialmente
sensible al cuidado y respeto del entorno. Su dependencia de las condiciones climáticas
contribuye a una mayor sensibilidad ante la conservación de los recursos naturales y
medioambientales existentes en las localidades vitivinícolas.

Los efectos del cambio climático introducen unas condiciones más adversas para el cultivo
de la vid y obligan a la búsqueda de soluciones, ya que la calidad y el volumen de vino que
se podrán obtener en el futuro en España están condicionados por la realidad climática
vigente. Por ello, el sector vitivinícola ya está desarrollando proyectos (relacionados con la
biotecnología y la diversidad genética, entre otros) que permitan mejorar la producción
vitivinícola y luchar contra el cambio climático, en línea con los objetivos de la Política
Agrícola Común de la UE y los Objetivos de Desarrollo Sostenible

En la actuación sectorial también es vital la gestión sostenible de los recursos hídricos (ODS
6) (nótese que la superficie de viñedo de secano es mayoritaria en España), la producción
sostenible (ODS 12) y la preservación de la biodiversidad y del suelo (ODS 15). Respecto a
la biodiversidad, cabe indicar que los viñedos son pieza clave del paisaje de las zonas
vitivinícolas y para su preservación es fundamental proteger las distintas especies
existentes, aprovechando las relaciones simbióticas. Por otro lado, es importante para
gestionar adecuadamente el impacto medioambiental del sector vitivinícola y contribuir al
cumplimiento de los principios de Economía Circular, la valorización que se realiza de
distintos subproductos generados en el proceso de vinificación.

Las ventas online de vino se han disparado

Las ventas online de vino se han disparado

Fuente: Tecnovino El extraordinario crecimiento del canal de ventas online en los últimos meses ha sido bien documentado por Wine Intelligence y otros, y las pruebas de este informe sugieren que el impulso de principios de año se está manteniendo -posiblemente potenciando- a medida que…

España ha dejado de exportar 149 millones de litros en los nueve primeros meses de 2020

España ha dejado de exportar 149 millones de litros en los nueve primeros meses de 2020

Los vinos a granel lideraron las pérdidas, dejándose de exportar 130,7 millones de litros de este producto, por una reducción de las ventas de los vinos envasados de 18,4 millones de litros(en su mayoría, vinos con IGP envasados). Los nueve primeros meses de 2020, cierran…

El HUB Nacional Digitalización y Vino

El HUB Nacional Digitalización y Vino

(Fuente: FEV)

La Federación Española del Vino (FEV) y la empresa tecnológica JIG han presentado esta mañana a los medios el HUB Nacional Digitalización y Vino, un espacio común para compartir las necesidades tecnológicas del sector vitivinícola español con la oferta tecnológica, poniendo especial énfasis en el proceso de identificación y análisis de necesidades, aceleración del proceso de digitalización, captación de tendencias tecnológicas, formación y divulgación.

Durante la presentación, realizada en colaboración con Agrobank, el director general de la FEV, José Luis Benítez, ha explicado que la idea de poner en marcha esta plataforma surgió ya antes de que se iniciase la pandemia como uno de los objetivos recogidos en el Plan Estratégico de la FEV 2019-24, si bien la situación provocada por el Covid19 ha acelerado las necesidades de digitalización del sector. Así, su creación busca responder a la problemática actual del sector y a sus necesidades concretas de negocio, especialmente en momentos de incertidumbre como el actual, definiendo aquellas necesidades donde la tecnología puede facilitar una solución.

En esta primera fase, el Comité de Dirección del HUB estará integrado, del lado sectorial, por Familia Torres, Ramón Bilbao, Raventós Codorniu, Pernod Ricard Winemakers Spain, Pago de Carraovejas, Osborne, González Byass y Bodegas Franco-Españolas. Por su parte, el ámbito tecnológico estará representado por las empresas Hispatec, Arsys, Satec y UAV Enterprise Project. Además, en las reuniones participará también un representante de la Subdirección General de Innovación y Digitalización del Ministerio de Agricultura.

Por su parte, el director general de JIG y coordinador ejecutivo del HUB, Ignacio Gurría, ha detallado las áreas prioritarias de trabajo del HUB, extraídas de un cuestionario a las empresasde la FEV sobre problemas y retos tecnológicos del sector A nivel transversal, las principales necesidades pasan por la simplificación administrativa, digitalización de la documentación, implantación del teletrabajo y control de costes y trazabilidad del proceso productivo. El resto de necesidades se han dividido en cuatro grandes áreas del negocio vitivinícola viñedo elaboración y producción, comercialización y marketing además de incluir temporalmente un área relacionada con el Covid que tratará de buscar soluciones a corto plazo

La presentación la ha cerrado la Directora General de Desarrollo Rural, Innovación y Formación Del Ministerio de Agricultura, Isabel Bombal, señalando que la creación del HUB llega en un “momento idóneo” en el contexto de un nuevo Marco Financiero Plurianual de la PAC y de la llegada de los fondos Next Generation de la UE, que contemplan la innovación y la digitalización como objetivos prioritarios y trasversales para el sector agroalimentario

Big Data al servicio del mundo del vino

Big Data al servicio del mundo del vino

España tiene muchas variedades de tipos de uva, de hecho, es uno de los países con mayor diversidad vitivinícola del mundo, aparte de que cuenta con más Denominaciones de Origen que cualquier otro país. Vista la tecnología como una oportunidad para continuar siendo el país con…

Reinventando el enoturismo

Reinventando el enoturismo

Fuente: https://www.efetur.com/noticia/enoturismo-virtual-pandemia/ Enoturismo virtual en temporada de pandemia Renovarse o morir; en situaciones de crisis es imprescindible agudizar el ingenio para sobrevivir y es lo que están haciendo las empresas de Rutas del Vino: si el turista no puede viajar hasta la bodega, ellas llevan…

Hablemos de Denominaciones de Origen

Hablemos de Denominaciones de Origen

Interesantísimo artículo de Ferran Centelles, encontrado en La Vanguardia

En 1932 se aprobaba el Estatuto del Vino que supuso un gran avance debido a la introducción de las Denominaciones de Origen en España. Se reconocieron, entonces, zonas como Rioja, Jerez, Málaga, Alicante, Priorat, Valdepeñas, Rueda, Ribeiro o Alella. Con esto se pretendía proteger el origen y aumentar la calidad de los vinos, controlar las prácticas vitícolas y enológicas y, en especial, evitar que productores de otras regiones sacaran provecho de la reputación de estas zonas a través del uso “fraudulento” de un nombre que nos les “pertenecía”. Desde entonces, el esquema y el número de Denominaciones de Origen ha ido aumentando hasta situarse en 70 DO y 14 Vinos de Pago.

Las DO son un resguardo para los bodegueros. Vestir uno de sus sellos asegura que se han seguido unas estrictas normas de elaboración y que las uvas utilizadas provienen de una región determinada. No es de extrañar, en consecuencia, que sean marcas de confianza, tanto para aquellos que compran vino como para los que lo elaboran. Las bodegas, de hecho, suelen sentirse enraizadas de manera profunda a la región o denominación a la que pertenecen, forman parte de su esquema y comparten voluntades con otras bodegas adyacentes, hecho que se traduce en una sensación de confort y seguridad, de estar en casa. Las Denominaciones de Origen son, para muchas bodegas, el hogar al que pertenecen y dentro del cual quieren que se las reconozca.

En consecuencia, no dejo de sorprenderme cada vez que una bodega decide atar un fardo, cargarlo a su espalda y abandonar el abrigo de una Denominación. Lo más curioso es que la mayoría toma esta decisión a contra corazón y, habitualmente, debido a un sentimiento de incomprensión o por tener una filosofía antagónica a la de otros miembros de la Denominación. Es sintomático que la mayoría de las bodegas que abandonan una DO son empresas de prestigio o que se mueven en un segmento elevado y cualitativo del sector.

Para comprender por qué ocurre tal situación debemos fijarnos en el marco legislativo Europeo (REGLAMENTO [UE] Nº 1308/2013 de 17 de diciembre de 2013), según el cual todos los vinos con DO están obligados a pasar «un análisis químico y un test organoléptico […] este test organoléptico tendrá́ que concretarse en color, claridad, aroma y gusto». Los responsables de controlar y hacer cumplir esta ley son los Consejos Reguladores, organismos formados por un comité interprofesional con diversos actores del sector del vino local.

Todas las DO, a su vez, disponen de un Pliego de Condiciones, un documento legislativo donde se marcan las características del vino de esa región: la composición del vino (grado de alcohol, acidez, etc), las variedades de uva permitidas, las prácticas de cultivo (tipos de poda, rendimientos por hectárea, etc), las prácticas enológicas (tipo de vino, envejecimientos permitidos, etc.), los municipios que conforman la Denominación y normas relativas al etiquetado. Además, describen las características organolépticas y el sabor que deben atesorar los vinos de la DO.

El carácter organoléptico es uno de los motivos conflictivos. Veamos, por ejemplo, como debe ser un vino de Rueda según su Pliego de Condiciones: «Fase visual: color amarillo pálido a amarillo pajizo con tonos dorados o verdosos. Limpio. Franco. De intensidad media donde predominen aromas primarios a fruta y/o, florales y/o herbáceos. Franco, fresco y con cuerpo de intensidad media a alta».

Para verificar que todos los vinos tengan el sabor descrito en el pliego se emplea un panel de cata normalizado, a veces conformado por miembros de la propia DO y otras veces externalizado.

Pero, qué ocurre si se quiere elaborar un Rueda que se aleja de esta definición de sabor y que, pongamos por caso, tenga un carácter terciario o no destaque en sabores florales o herbáceos. Con gran probabilidad, el comité de cata lo descalificará. Este fue, por ejemplo, uno de los motivos que llevó a Richard Sanz, de bodegas Menade, a retirar su gama de vinos más personal de la DO. Un caso paradójicamente triste porque justamente el padre de Richard fue el fundador de la propia DO Rueda.

Richard se expresa claramente sobre este asunto: «En su día, el estilo de vino de Rueda tenía sentido y provocó el éxito comercial, pero en la actualidad es un freno que corta de libertad o “vinocracia” de algunas bodegas que trabajamos para la calidad. En Menade queremos hacer otro vino, que tenga como virtud el carácter mineral, una característica que según la DO se podría considerar un defecto. No queremos limitar el vino a la fruta fresca, sino que queremos vinos de guarda, que puedan ser longevos, complejos y maduros en la botella. Las catas de vinos en Rueda se hacen de los vinos del año, no se permiten vinos criados que huelan a manzana asada y tengan una tendencia oxidativa». Puedo entender el descontento de Richard, más aún cuando sus vinos «fuera de DO» tienen una gran aceptación y están en boca de la mayoría de sumilleres. Richard, con una voz firme aunque apesadumbrada confiesa: «No es orgullo decir que no hago Rueda, al contario».

Como vemos, el pensamiento divergente o una filosofía diferente de elaboración pueden desencadenar en el abandono de la DO. En este sentido, la fuga de talentos más grande que se recuerda ha sido la de la agrupación de Corpinnat. Este conjunto de bodegas salió de la DO Cava tras años de petición para que se cambiaran y ampliaran algunos de los puntos del Pliego de Condiciones, en especial aquellos que no permitían mostrar la zona o sub-zona de proveniencia de las uvas en la etiqueta del Cava que, en consecuencia, ofrecía una imagen más genérica de este producto. Tras la salida de bodegas históricas como Gramona, Torello o Recaredo, la DO Cava ha hecho un movimiento valiente y ha presentado un paquete de medidas que responden a estas antiguas peticiones. Ojalá no sea demasiado tarde y podamos volver a ver unidos bajo un mismo sello a todos los productores de espumosos de calidad.

Un caso parecido e igual de sonado fue el que llevó a la bodega Artadi, sin duda una de las más prestigiosas de España, a abandonar La DOC Rioja. Según Carlos López Lacalle, «La Rioja Alavesa está llena de pequeños viticultores y muy definida por el terruño. En 1996 el precio de la uva de Rioja era de 2 a 3€, lo que permitía una viticultura de mayor calidad. Este año 2020 se va a pagar sobre los 0,5€ y, en consecuencia, la viticultura tiene que ser más industrializada e intensiva, con menor calidad». La familia López Lacalle detectó que algunas decisiones tomadas desde el Consejo Regulador no dejaban hueco para un modelo de pequeños productores de calidad y que esta realidad provocaba que los viticultores tuvieran que aumentar los rendimientos y practicar formas de cultivo más agresivas para sobrevivir. Artadi, a modo de protesta y como defensa del territorio, decidió salir de la DO en busca de viticultura de calidad, zonificación y un modelo de negocio que fuera más sostenible. Carlos afirma: «Mi modelo es Francia, porque todo está perfectamente explicado y delimitado». La DO Rioja tomó buena cuenta del caso de Artadi y está adaptando una estrategia para valorizar los vinos de pueblo y de viñedos singulares.

Pero no todos los casos son tan filosóficos, los hay más prosaicos y, por este hecho, aún más incomprensibles y entristecedores. Me refiero, por ejemplo, al caso de Enric Soler, uno de los mejores elaboradores de vino blanco que conozco y que recibe, año tras año, las mejores alabanzas de la crítica internacional. Enric, además, tiene un gusto por lo estético envidiable y las etiquetas de sus vinos son de una elegancia «less is more» digna del mismísimo Kandinsky. Resulta que una de las antiguas cláusulas (ahora ya modificada) de la DO Penedès hacía referencia a que la palabra Penedès debía salir en un tamaño relevante en la etiqueta frontal, otorgándole importancia a la DO. El vino cumplía todos los requisitos de la DO, menos el de la etiqueta, porque esta era minimalista. Tras muchas discusiones sobre este tema, Enric decidió «dejarlo estar, no tenía ningún sentido. Sé que mi motivo para abandonar la DO es absurdo y aunque ahora haya cambiado la norma me será difícil volver a entrar en la DO». Es una pena, porque el vino de Enric había ayudado a impulsar la DO hacia la calidad y le había dado visibilidad en las mejores cartas de vino del planeta.

A veces los motivos son puramente geográficos, tanto que la cosa va de centímetros. Es el caso que le ocurrió a Abadía Retuerta, una fabulosa bodega montada al lado de la Milla de Oro de Ribera del Duero, contigua a bodegas como Pago de Carraovejas, Vega Sicilia y Hacienda Monasterio. Abadía Retuerta se plantó a imagen y semejanza de sus vecinos. De hecho, a nivel paisajístico y conceptual es imposible ver fronteras geológicas y uno se siente totalmente en Ribera del Duero. Sin embargo, el Pliego de Condiciones de Ribera marcaba el pueblo de Sardón de Duero como límite. Desde Abadía Retuerta se hizo el requerimiento y esfuerzo para entrar en la DO, pero tuvieron una respuesta negativa por parte de la DO. Quizás yo tenga una visión romántica de la Ribera del Duero, pero me hubiera encantado ver los trabajos del enólogo Pascal Delbeck y Ángel Anocíbar bajo el sello de la DO. Un caso similar le ocurre al Lagar de Sabariz y su maravilloso a Pita Cega, solo por centímetros sus vides se sitúan fuera de la DO Ribeiro.

La innovación también puede estrellarse en el muro burocrático del Pliego de Condiciones que, dicho sea de paso, requiere de un arduo trabajo para su modificación, ya que tiene que poner en acuerdo a la mayoría de actores del sector. Es el caso de los deliciosos y novedosos vinos elaborados en el Marco de Jerez, con la variedad Palomino, bajo velo flor, pero que no se fortifican como los vinos tradicionales jerezanos. Se busca con esta elaboración un vino más ligero en alcohol, de 11,5% vol, pero con el toque característico a panadería y notas salinas que aporta la flor. Estos vinos no pueden ser Jerez, porque para ello deberían estar fortificados. Así al menos está establecido. «No puede ser y no pasa nada, aunque creo que a la DO Jerez le interesaría incluir estos vinos. Son vinos de gran autenticidad y muchas bodegas ya elaboran vinos de este estilo. Si tiene que llegar la inclusión a la DO ya llegará», opina Jesús Barquín, uno de los creadores de Florpower, el vino referente de este estilo.

Un caso similar es el del proyecto Vintae liderado por Richi Arambarri, su padre fue el fundador e innovó recuperando viñedos blancos de Moscatel en La Rioja. Una práctica que había sido tradicional pero que a finales de los 90 estaba prohibida por la DOCa porque no se permitían las variedades blancas. El padre de Richi, que tenía como espejo Rueda, fue quien redescubrió la Moscatel de grano menudo para Rioja, aunque por ello tuvo que quedar fuera de la Denominación.

El camino que les queda a estas bodegas es ampararse bajo una Indicación Geográfica Protegida (IGP), una descripción geográfica que garantiza que las uvas provienen de un lugar determinado, pero que tienen reglas más permisivas comparadas con una DO. Ejemplos son IGP de Castilla y León (Menade, Abadía Retuerta), IGP Valles del Sadacia (Vintae). Otra opción es la de elaborar vino sin indicación de origen, vender las botellas bajo la denominación genérica de Vinos de España.

Me gustan las DO, porque dan seguridad y permiten estrategias de promoción conjuntas. Sin embargo, me entristece que la burocracia o los intereses cierren puertas al progreso y, sobre todo, a la calidad. Es un equilibrio complicado y depende de los entresijos de cada Denominación, pero en mi opinión es que gracias a los productores de calidad las zonas aumentan su valor y percepción de mercado.

Dos jóvenes piden el vino más barato en un restaurante y les sirven por error uno de 2000 USD

Dos jóvenes piden el vino más barato en un restaurante y les sirven por error uno de 2000 USD

El restaurante Balthazar de Nueva York desveló recientemente una curiosa confusión ocurrida hace dos años cuando se sirvió por error un vino de 2000 dólares a una joven pareja que había pedido el más barato de la carta. Al parecer, según informa Decanter, a los jóvenes se les sirvió por confusión…