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De lo banal a lo profano

De lo banal a lo profano

Follador, Cojón de Gato, El Gordo del Circo, Vino Malo, Con un par…, Pecholobo, Macho Man, Envidia Cochina, De Puta Madre, Malafollá, Tetas de la Sacristana….

¿Pero esto qué es? Pues sí señoras y señores. Son nombres de vino. Es decir, nombres que aparecen en las etiquetas del vino.

A partir de aquí abrimos la puerta a la polémica. ¿Es lícito? ¿Es un guiño a la comercialización? ¿Es tolerable para una bebida como el vino, que sirve para mucho más que para quitar la sed?

Sinceramente, y estoy dispuesto a sentirme adjetivos de viejo, caduco e intolerante, mi respuesta es que no comparto la opinión de las personas que poniendo un nombre a una botella de vino (y a la historia que hay detrás) usen términos excesivamente coloquiales.

Y lo digo por un tema de respeto, no al cliente (que también se lo merece), si no al propio productor. Me cuesta comprender que cuando le pones el nombre a tu vino, después de tiempo de estudio, esfuerzo y buenas dosis de riesgo, solamente se te ocurra calificarlo con un nombre que sencillamente no recoja nada del espíritu de la bodega. Ayer decía que el vino tenía mucho de sagrado, y también mucho de profano. Pero se cae en el error de identificar lo profano con lo banal.

Saludos



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