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Un capricho. ¿Por qué no?

El consumo de vino se ha democratizado. Cualquier aficionado al vino, por menos de lo que le puede costar una entrada a un partido de fútbol del Madrid o del Barça (cuando nos dejaban ir, y para cuando nos vuelvan a dejar), tiene  a su alcance verdaderas joyas, y puede catarlas solo o con amigos. Esta es la grandeza de nuestro querido vino.

Y no por gastar más dinero vas a acertar con la elección, pero sí que es verdad que un vino al que se le ha dado tiempo, se le ha cuidado con mimo desde el principio, y que se le ha ayudado a hacerse mayor (casi como un hijo), el precio irá en relación directa con todo este proceso. Y no soy de los que descartan que un vino económico pueda ser bueno. Al contrario. También existen pequeños tesoros para descubrir. Pero es esto. Son pequeños tesoros.

Pero el tiempo es dinero. Lo siento. Y la exclusividad ayuda todavía a encarecerlo algo más.

Desde aquí animaría a los aficionados al vino que caten, que comparen, que aprendan, y de vez en cuando se regalen un capricho con una botella de vino “especial”. Pero cuidado: esto engancha.

Joaquim Fontboté

Gerente de TUVINODIVINO



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